Las Huellas del Delfín
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por
Morgan D. Libro I Los personajes de Card
Captor Sakura pertenecen a CLAMP y Kodansha. ~*~ Parte I |
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Su definición de un alegre, agradable día: sentarse confortablemente en un perfumado jardín inglés, un cálido sol suavizando una fresca brisa de otoño, las hojas caídas pintando el suelo con su tono favorito de amarillo. Justo frente a sus ojos, un delicado ángel plateado recostando su espalda contra el pecho de un alto y apuesto mago con largo cabello negro y ojos azul profundo, que sostenía tiernamente por la cintura a la figura más pequeña.
Tata suspiró feliz. Esos dos habían empezado temprano esa mañana. Prometedor.
-Estás demasiado tenso, Yue –susurró Clow, agitando el suave cabello del Guardián con su respiración.
-Lo siento, Clow...
-Sólo relájate –lo tranquilizó el mago, masajeando los hombros de Yue-. Siente la sangre corriendo por tus brazos, tus manos, calentando las puntas de tus dedos, yendo de vuelta a tu corazón... Y no importa lo que haga yo, no olvides respirar.
Yue asintió obedientemente, una tímida sonrisa curvando sus labios. Las manos de su Amo bajaron para acariciar sus brazos desnudos, tomando su codo derecho, envolviendo su muñeca izquierda. Dejó que Clow lo pusiera en posición a voluntad, confiadamente.
A una docena de metros de distancia, Tata se inclinó ligeramente hacia delante, tratando de obtener una mejor vista de la pareja sin llamar la atención sobre su presencia.
Clow inclinó la cabeza hasta que su mejilla descansó contra la de Yue, suspirando ante la fresca sensación de la pálida piel preternatural.
-Yue...
-Estoy listo.
-¿Seguro?
La única réplica del Guardián fue una media sonrisa.
Tata se mordió el labio y contuvo la respiración, haciendo su mejor esfuerzo por no parpadear.
Un golpe de viento más fuerte empujó una guedeja plateada contra los labios de Clow y el mago se quedó quieto por un segundo más, saboreando su fragancia a rocío.
... y lo soltó, retrocediendo.
-Adelante.
Yue obedeció y abrió los dedos de su mano derecha. El arco tembló ligeramente cuando la flecha salió disparada, atravesando el aire a una velocidad estremecedora para clavarse en el blanco de madera a 90 yardas adelante, a un buen par de pulgadas de la marca roja en el centro.
Yue se molestó. Clow le dio unas palmaditas en el cabello. Tata sonrió.
-No sé qué me pasa hoy –el Guardián hizo una mueca-. Mi puntería nunca ha sido tan mala.
Clow rió.
-Lo estás haciendo muy bien. No seas tan perfeccionista.
-Una casi falla puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
-Tú no fallarás cuando acertar al blanco sea un asunto de vida o muerte –Tata dejó escapar una risita, relajándose en su silla-. Es sólo que tu mente no está en eso ahora –le sonrió malévolamente a Clow-. Me pregunto dónde podrá estar...
El mago la ignoró, justo como había estado haciendo durante los dos últimos meses.
-Te estás esforzando demasiado –le dijo a Yue-. Sabes cómo hacerlo, y tu cuerpo sabe cómo hacerlo. Estás pensando con demasiado esfuerzo y dejas que tus pensamientos nublen tu mente. Siente el arco de madera en tus manos tan cerca e íntimo como el que formas con tus poderes. Hazlo respirar contigo. Hazte volar con la flecha cuando la liberas –puso sus manos en los hombros del Guardián e hizo una mueca-. ¡Tómalo con calma, Yue-chan! ¿Cuándo aprenderás a divertirte?
Yue miró ceñudo la cómica imitación que hacía su Amo del acento de Kerberus y su molesta actitud.
-Recogeré las flechas y probaré otra vez –estaba alto en el aire antes de que Clow pudiera discutir.
Tata puso los ojos en blanco.
-Un paso adelante, una calle entera atrás. Me estás volviendo loca, Ojos Azules.
-No tengo la más mínima idea de lo que estás hablando –dijo Clow a la defensiva.
-Por supuesto que no –gruñó ella, y cambió de idioma-. ¿Podemos hablar en inglés, por favor? El japonés exige demasiado de mi cerebro.
Él se sentó con ella a la mesa del jardín, accediendo a su petición.
-No hay nada nuevo en lo que estamos haciendo. Siempre le he hecho practicar con un arco de madera antes de usar el suyo.
-No podría preocuparme menos la clase de arco que use.
-Y él pidió mi ayuda para dominar los tiros largos.
-Eres su maestro –asintió ella.
-Y estoy de acuerdo en que está un poco distraído hoy –concedió Clow-. Pero hasta las criaturas mágicas tienen sus momentos malos.
-Dado que sólo pueden ser tan perfectas como su creador... –ella se encogió de hombros-. Y tú puedes estar asombrosamente distraído a veces, Ojos Azules.
Tomando la jarra de cristal, él se sirvió algo de jugo de uvas verdes en su vaso.
-Entonces... ¿por qué estás regañándome?
-Estamos en mitad del otoño.
Clow la miró interrogante.
-Eso difícilmente es mi culpa.
-Y, mientras que practicó durante todo el verano usando su chaqueta, ahora piensa que hace demasiado calor para eso.
-Dijo que la tela le estorba.
Si Clow hubiera decidido pensar más profundamente en eso, habría encontrado extraño el que la tela nunca le había estorbado a Yue desde sus primeras lecciones. Pero con la oportunidad de rozar con sus manos la sedosa piel de los brazos de su Guardián Lunar, Ojos Azules siempre podía encontrar cosas más importantes que hacer antes que pensar profundamente acerca de nada.
-¿Mencionó para qué le estorbaba? –la hechicera guiñó un ojo.
-¡Tata! ¡Quieres llenar mi cabeza de ideas sucias, está bien! A estas alturas, estoy acostumbrado. Pero Yue es un niño, él ni siquiera sabe...
-Seguro –lo interrumpió ella-. Y es sólo una coincidencia que su habilidad en arquería parezca haberse evaporado justo cuando decidiste que la forma más rápida de enseñarle una mejor manera de sujetar el arco es abrazándolo por detrás...
-No estaba abrazando…
-Mi única duda debería ser: ¿él está teniendo problemas para concentrarse porque tú lo abrazas, o para que tú le enseñes y lo abraces un rato más?
-¡¿Qué?!
-Sabemos que puede ser bastante astuto cuando quiere...
-¡Eso es absurdo!
-¿Oh, de veras?
-Cállate, Tata. Él está regresando.
Yue aterrizó cerca de la mesa, ocho flechas en sus manos y una mirada de sospecha en su cara. Abrió la boca, pero cambió de opinión y no dijo nada.
Tata le sonrió con cariño.
-Tienes razón, dulzura. Ojos Azules y yo estábamos hablando de ti.
El Guardián enarcó una ceja. No los presionó a decir más, pero los silencios de Yue podían ser muy demandantes.
Clow bebió su jugo, esperando que el vaso alto pudiera esconder sus mejillas sonrojadas.
-Nada más me estaba preguntando por qué estás tan distraído esta mañana –dijo Tata-. Tal vez más bien un poquito... ¿en órbita?
El jugo se fue a la nariz de Clow y él tosió, sintiéndose horriblemente torpe.
-Sigues haciendo eso, Ojos Azules –Tata arrugó la nariz con reproche-. Es bastante desagradable.
Clow la habría mirado con enojo si su tos convulsiva se lo hubiera permitido. El que terminó disculpándose fue el Guardián Lunar.
-En verdad lo siento. No dejaré de practicar hasta que lo haga bien.
La sonrisa satisfecha de Tata congeló la sangre de Clow.
-Pienso que deberías tratar de nuevo tú solo, Yue –replicó apresuradamente.
Yue miró al mago por un pensativo momento, su cara como una máscara inexpresiva. Al final asintió, caminando de nuevo a su punto de disparo. Sin señales de alivio o decepción; sin señales de que le molestara la falta del contacto con su Amo, de una forma u otra. Por lo tanto, Clow no pudo decidir entre sentirse aliviado o decepcionado él mismo.
-Buena idea –fue el murmullo confabulador de Tata.
El mago frunció el ceño.
-¿Qué idea?
-Ahora veremos si el que estés aquí o no tiene alguna influencia en su concentración... –ella le mostró una gran sonrisa- ¿Listo para ver probado mi punto?
Clow palideció. Todo lo que había pretendido era quitarse de encima a la inteligente hechicera, pero había terminado dándole la oportunidad de continuar así para siempre...
Si Yue daba en el blanco, eso significaría... ¿qué? ¿Que el contacto con Clow lo perturbaba? ¿Perturbado porque el Guardián se sentía atraído por él... o porque la cercanía física con él le era desagradable? Y si Yue fallaba otra vez... ¿Entonces era completamente indiferente a la proximidad de su creador?
¿Realmente quería saber lo que Yue pensaba de él?
Pero...
-Esto no va a probar ningún punto, Tata –murmuró-. ¿Qué tal si dispara mal la flecha a propósito?
-¿Para engañarte y que lo abraces otra vez?
-Sí –con retraso, se dio cuenta de su imperdonable desliz-. ¡NO!
Sorprendido, Yue se volvió hacia el mago, buscando por reflejo amenazas en contra de su amo.
-¿Clow?
Tata agitó una mano hacia él.
-No es nada, dulzura. Ojos Azules acaba de morderse la lengua. Sobrevivirá.
Una ceja plateada se curvó con escepticismo y disgusto; ojos felinos se aseguraron de que su precioso Amo estaba ileso (si bien un poco demasiado sonrojado para una fría mañana de otoño) y finalmente volvieron a enfocarse en los círculos concéntricos carmín y blanco en el blanco circular.
Clow estaba lanzando dagas con la mirada a Tata tanto como podía, mirándola por el rabillo del ojo.
-Eres la más horrible, insidiosa, fea bruja...
-¿Me culpas a mí por tus contradicciones? Sigues diciendo que es absurdo, que Yue es sólo un inocente niño, libre de pensamientos obscenos, etc., etc... pero acabas de admitir que sabes más que eso, ¿no es así?
-No estaba pensando.
-¡Con mil diablos, Ojos Azules! ¿Se te caerán los dientes si llegas a reconocer la posibilidad de que tu Guardián debe estar tratando de hacer que te fijes en él?
-¿Caerá el cielo sobre tu cabeza si descubres que él no siente nada por mí más que el respeto de un sirviente o el amor de un hijo?
-Probablemente –gruñó Tata-. No puedo estar tan equivocada.
-Bueno, será mejor que te escondas bajo la cripta de la Catedral, entonces –murmuró Clow-. Porque estoy absolutamente seguro de que incluso si Yue está actuando, es la actuación de un niño que desea que su padre pase más tiempo con él. nada más.
-Seguro, seguro... es por eso que tu niño te está mostrando tanta piel de repente...
-¡Él no está...!
Pero la hechicera estaba agitando una mano reprobadora hacia él.
-Shh, Ojos Azules. Él está listo.
Y Yue lo estaba, ciertamente. Postura perfecta, desde los pies descalzos cuidadosamente colocados en la hierba, hasta los brazos desnudos sujetando el arco con gracia que enmascaraba completamente la fuerza brutal que requería esa acción. Mirándolo, se podría pensar que manejar esa arma era tan fácil como sujetar una pequeña flor entre los dedos.
No, no… Al mirarlo, nadie se molestaría en prestar atención a cualquier arma que pudiera estar sujetando, aún si apuntaba hacia el propio observador. El Guardián Lunar era una visión, una sirena cantando, un sueño seductor...
...una ilusión. Un delirio de la mente de Clow, hecho sólido por poderosos hechizos, y sin embargo eternamente intangible.
¿Si Clow se repetía eso a sí mismo lo suficiente, tal vez esos insaciables, inconvenientes pensamientos eventualmente podrían dejarlo en paz?
Otra vez llegó el viento a congelar al arquero en su sitio, amenazando con arrastrar la ligera flecha lejos de su destino. Yue esperó pacientemente, manteniendo su postura como una estatua que respiraba suavemente, sólo su cabello cediendo a la juguetona brisa...
…y…
Fue demasiado rápido como para que Clow y Tata lo captaran. Un silbido en el cielo, una cuerda tensa repentinamente libre, una aguda descarga lanzándose hacia delante, un borrón dorado-naranja cruzando el jardín desde la izquierda...
Y de repente un león alado caía pesadamente en el suelo, una flecha asesina sobresaliendo de su costado, un alarido de angustia atravesando el aire.
-¡¡¡Kerberus!!!
Las alas explotaron a la vida en la espalda de Yue mientras él volaba ciegamente al lado del Guardián Solar, su cara distorsionada en una máscara de horror y pesar. ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho?
-¡Kerberus! ¡Kerberus, por favor, háblame!
Gentilmente, apartó las alas doradas del león, buscando la herida. El gran animal jadeó, gimiendo con cada difícil aspiración, encogiéndose bajo el cauteloso tacto de Yue.
-No... no lo hagas... duele... demasiado...
Yue tragó saliva con una garganta horriblemente seca.
-Lo... lo siento tanto... no te vi llegar... –podía ver el penacho de su flecha bajo la corpulenta figura, aplastado contra la hierba-. Déjame... Date vuelta, Kerberus. La sacaré…
-…no…
-Lentamente, muy lentamente. Te ayudaré.
-Duele...
-¡Es por eso que tienes que hacerlo, Kerberus! Vamos, date vuelta, la sacaré y Clow te vendará, estarás bien, completamente nuevo, como cuando fuiste creado, ya verás... –Yue estaba haciendo todo lo que podía por evitar que sus miedos le quebraran la voz. Tenía que estar calmado, tenía que estar confiado, tenía que ser racional. No importaba si se estaba destrozando por dentro, no podía derrumbarse, no hasta que Kerberus estuviera curado, no hasta corregir su imperdonable error.
¿Cómo había podido disparar una flecha y no notar la presencia cercana del Guardián Solar? ¿Cómo había podido ser tan estúpidamente descuidado?
-Kerberus, escúchame, sólo te estás lastimando más yaciendo sobre ese costado. Sé que duele moverse, pero al menos entonces...
-…no importa… Yue…
-¡Por supuesto que importa, Kerberus! ¿No quieres estar bien de nuevo? –el Guardián Lunar estaba apenas consciente de Tata arrodillándose junto a él, acariciando la cabeza del león con un hechizo tranquilizador.
-...demasiado... tarde...
Yue sacudió la cabeza, firmemente, desesperadamente.
-No.
-...lo es, Yue... Tú lo sabes… lo es…
No estaba escuchando eso. No podía estar escuchando eso. La hechicera se puso en pie gravemente y él la miró con ojos suplicantes.
-¿Tata?
Ella estaba mordiéndose con fuerza el labio, su cara completamente inexpresiva.
-Me temo que no hay nada que yo pueda hacer, dulzura.
En pánico, Yue miró a su alrededor buscando ayuda.
-¡Clow! ¡Está lastimado! ¡Ven rápido!
El mago estaba todavía en pie junto a la mesa, a unas buenas 700 yardas de ahí, totalmente inmóvil, sin responder para nada. Probablemente en shock.
-Yue... –Kerberus lo llamó tan débilmente que el Guardián Lunar casi tuvo que presionar su oreja contra la boca del león para escucharlo-. Yue... sé fuerte... vine a entregar... –tosió.
-¿Entregar? ¿Entregar qué?
Con un gemido tan doloroso que sonaba vagamente como un sollozo, Kerberus sacó tres sobres arrugados del bolsillo detrás del pectoral de su armadura.
-...estos... acaban de llegar... para Clow –de alguna manera, el león se las arregló para poner los papeles color arena en la mano de Yue-... los tres mensajeros dijeron... que eran urgentes... extremadamente... urgentes... –un cruel espasmo, más tos agonizante...
Yue sólo pudo arrugar todavía más esos sobres sin importancia en su mano cerrada. Nada podía ser tan urgente. Nada podía ser tan importante.
-¡¡¡¡CLOW!!!!
¡Pero Clow parecía haber echado raíces en el suelo!
-¡¡¡Clow, él se está muriendo!!! –chilló el Guardián-. ¡Sólo tú puedes ayudarlo!
Nada. El hombre alto simplemente permaneció ahí, tapándose la boca con ambas manos en un patético gesto de pena, terror e incredulidad...
...o...
...¿en un poderoso esfuerzo por no reír...?
No...
No, no, no, no, no... Yue cerró los ojos, apretó los dientes, tensó todos sus músculos...
-Kerberus.
-…¿Yue?
-Será mejor que esa flecha esté bien hondo en tus tripas, o voy a clavártela justo ahí.
Un momento de embarazoso silencio.
Y finalmente Kerberus giró para mirar directamente a la cara del Guardián Lunar.
-Tienes prioridades extrañas, Yue.
La risa de Clow podía escucharse alto y claro a pesar de la distancia. Tata sólo sacudió la cabeza con impotencia, caminando de vuelta a la mesa.
-Y ahora no sabremos nunca si habría fallado o no el blanco –murmuró de mal humor.
Yue estaba humeando. Hirviendo. A punto de estallar en llamas a la menor provocación...
Con una gran sonrisa, Kerberus sacó la flecha que había escondido a medias bajo su pata delantera y frotó sus pequeñas plumas contra la nariz de Yue.
-¡Tómalo con calma, Yue-chan! ¿Es que nunca aprenderás a divertirte?
...¡boom!
~*~
Los tres sobres apenas sobrevivieron.
-No me mires a mí –protestó Kerberus y señaló a Yue-. Estaban lisos y limpiecitos hasta que el Alma de la Fiesta aquí presente se me tiró encima.
El Guardán Lunar se puso su capa blanca sobre su ropa polvorienta, echando hacia atrás su melena revuelta.
-Volaste deliberadamente en el camino de mi flecha, arriesgaste tu vida e hiciste ese vergonzoso espectáculo de ti mismo, todo con el único propósito de ridiculizarme –contestó, sin mostrar emoción-. Y de alguna manera planeas culparme a mí por el daño en cartas que fueron confiadas a ti.
Al otro lado de la mesa, Clow miró a su alondra lunar con asombro y diversión. Por seis minutos enteros esa usualmente estoica criatura había vuelto a la intensa, infantil, temperamental actitud de sus primeros años, revelando un apasionado Yue que Clow algunas veces asumía se había marchado para bien. Pero tan rápido como había aparecido, se había ido. Las prendas sucias y las plumas arrugadas en sus alas eran las únicas marcas que había dejado tras de sí esa súbita aparición.
Tata les sirvió vasos llenos de jugo de uvas; probablemente con algún hechizo calmante disuelto en el líquido color ámbar.
-Medio paso adelante, trescientas millas atrás. Ustedes tres me están volviendo loca.
Los dos Guardianes la miraron como si nunca antes la hubiera visto. Entonces miraron interrogantes a Clow, quien sólo se encogió de hombros a espaldas de ella y movió su dedo índice junto a una de sus sienes en un claro gesto de "está loca".
Kerberus se encogió de hombros también y volvió al tema.
–Como sea. Vi que Yue estaba deprimido otra vez. Sólo quería animarlo.
Clow parpadeó. ¿Deprimido? ¿Otra vez?
-No estaba deprimido –contestó Yue-. Estaba entrenando. ¿Y qué te hace pensar que fingir estar mortalmente herido puede animar a alguien?
El Guardián Solar prácticamente ronroneó, frotando su cabeza contra el muslo de Yue.
–Ah, las cosas que tengo que hacer para que admitas tus verdaderos sentimientos por mí –bromeó.
Tenso como un bloque de hielo, Yue se puso en pie, apartando al león en el proceso.
-¿Tengo que arrancarte la piel para que comprendas lo que pienso de ti?
Kerberus gruñó.
-Estoy hablando de ese frenético sollozar porque pensabas que iba a morir... Estaba realmente conmovido, ¿sabes?
-Bueno, no lo estés –replicó el otro-. Estaba preocupado solamente porque no quería ser culpado por dañar una de las creaciones del Amo Clow. Ni siquiera a uno con el que él estaría mejor si no existiera.
La última palabra casi no había terminado de salir de los labios de Yue, cuando cayó en la cuenta de que Clow estaba ahí junto a él, con una invitada. En cierto modo, criticar a Kerberus era criticar a Clow, quien había hecho al moslesto Guardián Solar en la forma en que era, y además amaba al león por lo que era, pensó Yue amargamente. E incluso si el trabajo de los Guardianes incluía advertir a su Amo sobre posibles malas decisiones, desafiarlo frente a sus invitados era inexcusable. Aún si su invitada era la vieja Tata, a quien Clow siempre había considerado parte de su familia.
El mago suspiró, mirando la mirada que pedía perdón en los ojos del Guardián Lunar. La mirada del sirviente. Avergonzado, desconcertado, temeroso de un amargo reproche...
…enojado, incrédulo, acusante, indignado… temeroso de traición… de abandono… de extirpación... nulificación... aniquilación... "...seguir las huellas del Delfín..." deber... desprendimiento... arrogancia... "...ver todos los ángulos en un conflicto..." frustración... "...alas destrozadas... sangre por doquier..." estupefacción capaz de destrozar el alma... "...la idea de ella... mi decisión..." oh no oh no oh no... Kerberus no aceptará... Yue no entenderá... el invierno que congela el corazón, la chimenea sin luz... "...no hay nadie más, Clow..." nada más... nadie más... "...mejor si no existiera"...
"...mejor si no existiera..."
"...mejor si no existiera..."
-¡¡¡Clow!!!
Los sentimientos extraños y las perturbadoras voces desaparecieron gradualmente, mientras sonidos reales, aromas y rostros lentamente reaparecían alrededor del mago, obligando a su aturdida mente a despertar. Sus rodillas se tensaron bajo el peso de grandes garras, y vio a Kerberus inclinándose hacia él, gritando su nombre con alarma.
-Calma, querido –Tata estaba calmando a la bestia-. Ya está volviendo.
Sólo Yue no se había movido. Su alondra lunar sólo estaba ahí, mirándolo con un silencio ensordecedor, durante todo el tiempo (¿segundos? ¿minutos? ¿horas?) que esa oscura visión había durado.
-¿Ojos Azules? ¿Estás con nosotros?
Clow respiró profundamente, forzando su atención hacia Tata. Ella acarició su cabello tierna, protectoramente, con los ojos de una madre que atendiera a un hijo enfermo.
-Estuviste luchando, ¿no es así? –lo reprendió suavemente-. ¿No te decía siempre tu padre que nunca lucharas contra las visiones?
-...mejor si no existiera...
Ahora, el Guardián Lunar se estremeció, obviamente reconociendo las palabras que había dicho refiriéndose a Kerberus.
-¿Clow?
La voz de Yue... y el silencio. Clow sintió palpitar sus tímpanos, martilleando su cerebro, todo su espíritu suplicando por calidez y confort. Sus ojos encontraron los de la criatura plateada a través de capas y capas de niebla intemporal.
-Esas palabras –siseó el mago-. Muy pronto estarás arrepintiéndote de esas palabras.
~*~
Notas de la autora:
- Este capítulo está dedicado a Dr. Megalomania, en
agradecimiento por sus absolutamente hilarantes fics acerca de los cuatro
Guardianes. ¡Sigue así, Doc!
- Si el primer párrafo les hizo pensar en los versos "Sitting in
an English garden, waiting for the sun", no puedo decir que sea solo una
coincidencia ^_^
- Este es sólo el primer capítulo de una historia realmente
larga. *indirecta* análisis y comentarios
siempre me inspiran a escribir más rápido. ^_~